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Cuando la arquitectura en España estaba en pleno auge el hoy Director del Departamento de Arquitectura de Harvard GSD escribía en un artículo que rescato de la hemeroteca de ElPaís titulado, Un manifiesto de cristal:

“la virtud de un pabellón es precisamente servir para experimentar y avanzar temas que con programas y escalas mayores quedarían constreñidos por la convención”  Iñaki Ábalos

Mientras recordaba vagamente el texto de la cita, he retenido durante años el fondo de esta cuestión que ahora confronto con los ejemplos que ofrecen los quince años que cumplen este 2015 los pabellones de la Serpentine Gallery y que se celebran con el que han firmado por primera vez unos arquitectos españoles. Las comparaciones son odiosas pero son muchos quienes han pasado por Hyde Park para dejar sus firmas de estilo, así me parecen algunos iconos como los de Óscar Niemeyer, Toyo Ito, Daniel Libeskind o Frank Gehry. Otros pasaron más desapercibidos con piezas discretas, vernáculas o semi-enterradas como fueron los de Alvar Siza y Souto de Moura, Smiljan Radic, Olafur Eliasson y Kjetil Thorsen o la de Herzog y de Meuron  junto a Ai Weiwei. Algunas han entendido el encargo como construcciones temporales, casi como tiendas de campaña o elementos que aterrizaron temporalmente en el paisaje, es el caso del primero realizado por Zaha Hadid e incluso aquellos hongos temporales que instaló en 2007 o el globo con el que se posó Rem Koolhaas en mitad del parque. Con cierto sentido de permanencia, hermeticidad y, porque no decirlo, evidente desprecio por el entorno más inmediato, Peter Zumthor realizó aquel ensimismado y maravilloso huerto cerrado. Jean Nouvel celebró el décimo aniversario haciendo un juego estético con su folie carmesí. Hace un par de años me atreví a titular de arquitectura boceto aquellas líneas que dibujó entre los árboles Sou Fujimoto y, con anterioridad, titulé de serpentina una entrada sobre el que, hasta la fecha, considero uno de los mejores hitos entre estos ensayos, el pabellón de SANAA. Ya entonces éste me sirvió para mencionar esta cita recurrente sobre las pretensiones de un pabellón. A medio camino entre el juego estético, la obra de estilo y las tiendas desplegables se sitúa la obra plástica con la que selgascano ha cubierto el pabellón este año con un evidente “carácter festivo, celebrativo, que, (de nuevo según Ábalos) se corresponde bien con otra característica, su ligereza literal o metafórica, ser evanescentes en el tiempo, casi de quita y pon, construcciones mínimas en un parque o jardín, ligadas a motivos especiales, con algo de derroche y exceso.” El discurso narrativo de entonces, sumaba la gratuidad y lo innecesario de estos elementos para emparentar pabellones con manifiestos. Sin embargo, repasando estos tres lustros de templetes, parece conveniente reflexionar sobre los que trascienden un gesto de voluntad creativa y se convierten en verdaderos hitos cuyo estudio y privilegiada experiencia pueden verdaderamente aspirar a erigirse en manifiesto.

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Alberto Campo Baeza insiste hoy sobre los principios de Vitruvio, “utilitas, firmitas y venustas” como derivadas de su preocupación fundamental, servir. Alumno de los grandes maestros españoles y profesor de tres décadas de nuevas generaciones, relega el papel de los nuevos medios al servicio de su principal instrumento, la razón. Amante confeso de la poesía, considera la cultura única medicina para que la sociedad valore la mejor arquitectura y no sólo la más llamativa, esa que asombra con las sinrazones que a menudo producen los llamados stararchitects. Desde aquella ópera prima, la casa Turégano [pdf], afirma seguir haciendo las cosas con la mayor libertad y creyendo que sin ideas no es posible hacer ninguna arquitectura. Desde que construyera aquella casa de la que salía sol, un cubo blanco de 10x10x10, hecho de luz, hasta el más reciente de sus edificios, unas oficinas en Zamora, esta vez hechas de aire, sus palabras y actos destilan la sencillez abrumadora de quien tiene claros los principios que rigen su buen hacer y a pesar de ello sigue investigando. Puede que uno de sus mayores logros sea hacer que el efecto al que alude al hablar de sus casas, como islas, se extienda al panorama general gracias a esa poesía que conjuga la materia con el número.

Mis casas siempre ponen nerviosos a los de alrededor (Alberto Campo Baeza)

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[entrevista via ElCultural] + [artículo e imágenes via metalocus]

[artículo via ElPaís] + [entrevista [via pedacicosarquitectónicos]

descampados y escombros

El trabajo de la artista Lara Almárcegui hace tiempo que llama la atención entre los arquitectos cuando paradójicamente su foco siempre ha estado sobre “no-arquitectura”. Empezó construyendo la mirada sobre los descampados hasta conseguir la declaración de protección en algunos, continuó pesando las ciudades y ahora reduce simbólicamente a escombros los espacios en los que expone su obra. De alinearse con aquellos “lugares de posibilidad” de los que hablaba Manuel de Solà-Morales ha pasado a amontonar los residuos materiales de los que se compone el museo de Tuñón y Mansilla. Es noticia con su presencia en el pabellón español de la Bienal de Venecia con una instalación semejante a la que expone el MUSAC estos días y cuya valiosa reseña cito para acompañar una reflexión sobre este activismo puramente artístico. Una visión adulta, crítica y política, sobre los descampados, solares y urbanizaciones vacías que hoy, incluso, se exponen como fenómeno (véase Spain mon amour|Ruinas modernas del ICO). Frente a otra mirada, latente, que despierta la belleza inocente que emparenta las obras de esta zaragozana con ese instinto infantil de jugar con la tierra o correr por ese terreno descubierto,  limpio según la RAE, aunque habitualmente, lleno de tropiezos, malezas y espesuras Que tire la primera pelota quién no se ha colado nunca en un descampado a recuperar un chut desviado.

La instalación específica  Materiales de construcción de la Sala 2 del MUSAC tiene como punto de partida el análisis del edificio de Mansilla y Tuñón. En ocasiones, Almarcegui ha establecido una relación directa entre los componentes de la arquitectura y su resultado, al colocar junto a un edificio sus materiales de construcción. En sus últimos trabajos, estos ya no se presentan como un material ordenado, como estarían justo antes de comenzar la construcción, sino como un material de residuo, tal y como aparecerían después de su demolición, como si los tiempos posibles de una edificación estuviesen superpuestos en esa contigüidad. Además de referirse a toda una tradición de representación de la ruina, sus montañas de materiales de construcción adquieren una fuerza escultórica y una lectura corporal y crítica del espacio para el espectador, sin precedentes en su producción. MUSAC

+entrevista via elpaís – La ambigua magia de los descampados

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via elpaís – Una montaña de escombros invadirá el pabellón español en Venecia

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Se puede sospechar alegremente si la cercanía del estudio suizo de Herzog & de Meuron, inconscientemente, ha inducido a SANAA a realizar su ejercicio más tectónico en un encargo tan especial como, a priori, ingrato. Pero entre otros edificios fabriles, ortogonales por defecto y anodinos por costumbre, el equipo japonés ha dibujado un círculo, trazado a mano, deliberadamente imperfecto, programáticamente flexible, que envuelve con una delicada cortina acrílica. Ésta no se mece con el viento ni se puede correr para ver dentro pero construye a partir de esas características sensibles una percepción amable y enigmática. No siendo la primera vez que la pareja japonesa utiliza hábilmente una envolvente, ni faltando en el panorama industrial ejemplos de “originales” cerramientos, esta reflexión no versa sobre la fachada per se, aunque ésta ofrezca tantas lecturas como pliegues. Contando el proyecto con múltiples bondades, este detalle ondulado sirve para demostrar la capacidad que tienen los maestros para transponer elementos arquitectónicos fuera de los ámbitos marcados, más allá de las escalas acostumbradas, lejos de los entornos habilitados, despojados de los usos conocidos, para dar lugar a nuevas entidades. Es así como una cortina, de uso predominantemente doméstico, de confección textil y naturaleza móvil, se convierte aquí en un velo industrial, vítreo y estático que encierra esa reflexión recurrente sobre la forma y la función.

memoria vía vitra – artículo via elpaís – imágenes via archdaily

cortinas_big***UPDATED*** +info via metalocus [1][2]

 

Se dibuja una sonrisa al ver como este septuagenario y notable arquitecto inglés, sin levantar su aguda voz como educado sir, sigue agitando la escena con sus charlas, entrevistas, escritos, proyectos y edificios. Peter Cook se reconoce moderno antes de ser arquitecto (ya admiraba a Le Corbusier sin haber pisado una escuela de arquitectura) y junto al resto del grupo Archigram ha inspirado a generaciones de estudiantes y profesionales. Hoy, sigue al pie del cañón, considerado acertadamente como un gran innovador, cuyas palabras le delatan como un inquieto observador, un personaje travieso capaz de ingeniárselas para construir esos difíciles espacios que, sin función definida, están llenos de posibilidades. Hace unas semanas que una entrevista via architectural-review revelaba algunos de estos datos de su biografía y, días después, está excepcional entrevista en ElPaís [La arquitectura debe incluir también vida] sorprende, ilusiona e inspira optimismo y esfuerzo por invertir la situación con frases como la que titula esta entrada. El vaso medio lleno, el optimismo como elemento necesario para sobrevivir a esta profesión, admitiendo que lo imaginativo es más complejo, que el cambio y la renovación son inevitables, defendiendo la travesura, creyendo que la arquitectura no sólo tiene que funcionar sino que debe llevar los extras del optimismo y la imaginación. Eligiendo ser más optimista si cabe en estos momentos difíciles. 

Una imagen con una sonrisa como esta es capaz de resumir la experiencia vivida durante el rodaje de la “skate-movie” que tiene de protagonistas a las Longboard Girls Crew y que ha filmado Juan Rayos. Endless Roads es un documental que retrata este viaje por la geografía española, tabla en mano, a bordo de una Volkswagen T2. Puedes leer la historia completa de esta curiosa experiencia via tentaciones|elpaís o simplemente, dejarte llevar por esta tarde de descenso por la Sierra de Madrid.

Después de entrevistas como la de Souto de Moura, todo un premio Pritzker, alguien se ha fijado no sólo en la arquitectura de casa sino en esa que, aunque suficientemente premiada, es joven, emergente y a la vez contenida. Las preguntas que realiza Anantxu Zabalbeascoa tienen respuestas directas como la que da título a la entrevista, “Uno proyecta edificios como es“. Nada de palabrería, tecnicismos ni teorías icónicas; simple y llana arquitectura, lo más difícil en estos días. El de josé maría sánchez garcía es un retrato del éxito de la contención, del rigor matiza,  de alguien que ha tenido la oportunidad de viajar fuera, compartir algo con Zumthor y entender bien los sacrificios de esta profesión. Quien a sus 34 años aconseja por encima de todo, no perder la ilusión, sabe lo que es mantenerla intacta y no morir de éxito.