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Archivos Mensuales: julio 2013

china se mueveDe sobra es conocido el hecho de que China crece, aunque puede que no a la velocidad con la que unos cuantos especulaban. Es conocida su capacidad para atraer capitales, para copiar o para realizar lo imposible, mostrar sus fortalezas y esconder sus debilidades en una huída hacia adelante. Pero todo esto constituye una fase inicial, de desarrollo; era de esperar que aprehendiera y que, más pronto que tarde, fuera capaz de desarrollar ideas propias, fusionarlas con su tradición y cultura, valorar lo propio para contrastarlo con lo ajeno y evolucionar. El hecho de que el premio Pritzker recayera en un arquitecto chino sólo fue una llamada de atención para quien pensaba que sólo era un terreno abonado para grandes obras de famosos estudios occidentales y especuladores de todo el mundo, y valorara el potencial latente. La pujanza de los jóvenes estudios chinos empieza a publicarse, a atraer el interés no sólo por la exótica tectónica local, sino por la capacidad de crear propuestas espaciales con relevancia global. Recientemente dos estudios chinos han llamado mi atención, T-A-O (Trace Architecture Office) y AZLarchitects. Con obras de envergadura suficiente para demostrar el manejo de los espacios, desarrollar estrategias de composición y proponer arquitecturas sensibles, de texturas y filosofías propias. Dos muestras de lo que está por venir.

china se mueve_bigvia HIC* + designboom

larevolucionmodesta

Con un anhelo cercano al que expresaba Campo Baeza, Shigeru Ban también desea ser útil. Su aparición en el blog había sido, hasta ahora, puramente testimonial gracias a su edificio más flamante, el Centro Pompidou de Metz. Sin embargo, cruzarme con su edificio de oficinas para Tamedia en Zurich devolvió la mirada sobre su trabajo y, casi inevitablemente, sobre sus obras más modestas como la “casa desnuda” (naked house) o sus sistemas de construcción con cartón o papel, que le han hecho mundialmente reconocido. En una reciente entrevista a su paso por Madrid (via ElPaís), apuesta desde las primeras líneas por la diversos de movimientos arquitectónicos, alabando a alguno de sus maestros como Isozaki, sobre el que comenta: “busca empleados que piensen lo contrario que él. No le interesa que le sigan ciegamente.” Shigeru Ban prefiere los valores, “la modestia. La comple­­jidad que se necesita para hacer las cosas sencillas.” Aunque nadie se libra de acercarse “al poder y al dinero”, entes invisibles que según él, “necesitan que la arquitectura los haga visibles”, aunque esa misma conexión con el capital también le lleve a admitir que la arquitectura (sea o no de cartón) “siempre será temporal”. Pero privilegiados al margen, cree fielmente que “los arquitectos tenemos un conocimiento que puede ser útil a mucha más gente”. Mientras que otros arquitectos han avanzado revisando tipologías, estilos, movimientos o elementos, él ha dado otro sentido a ciertos materiales, no sólo en su inicial sentido constructivo sino definitivamente en su destino social. No cobra por estos trabajos, trabaja mucho, tiene poco tiempo, vive de alquiler, no tiene hijos, pero hace lo que quiere. Le merecen respeto arquitectos como Alvar Aalto, Louis Kahn o Mies van der Rohe, quienes “diseñaron casas hasta el final”. Entretenido como está en esta labor concluye,  “me gustan los arquitectos que buscan retos y no los que sólo se preocupan de mantener su statu quo”. Puede que a primera vista sea sólo, ese arquitecto de los tubos de cartón, pero esa sola afirmación contiene material suficiente para levantar los pilares de una revolución modesta, pero fundamental y necesaria.

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via ElPaís – Shigeru Ban: “Los arquitectos podemos ser útiles a mucha gente, no solo a los ricos” 

infinitas posibilidades

La conjunción de varias disciplinas en torno a un proyecto siempre resulta emocionante, cada uno aporta una visión distinta sobre un problema común. La situación en sí, previa a cualquier solución posible, individual o conjunta, constituye una nueva forma de conocimiento. En ocasiones ni siquiera es necesario un encargo, una actividad común delata esas visiones cruzadas. El ajedrez enfrentó sobre un tablero a Marchel Duchamp y John Cage, y mientras que el primero afirmaba, “Todavía soy una víctima del ajedrez. Tiene toda la belleza del arte y mucho más. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social”, llegó un momento en que apareció una noticia cuyo titular decía: “Ya no juego más al ajedrez con John Cage. ¡Es que John Cage no quiere ganar!”. Cage explicó entonces a los periodistas: “Me pongo a jugar al ajedrez con Duchamp y veo las piezas, las infinitas posiciones, los juegos, los movimientos, los posibles acontecimientos y me parece que lo fascinante es ese proceso de movimiento de las piezas. Y que ganar o perder no tiene mayor interés. Llega un momento en que me parece tan impresionante, atractiva o hermosa la posición de las figuras y la sombra que proyectan sobre el tablero, que no soy capaz de pensar en cómo continuar la partida” (John Cage – Duchamp. El amor y la muerte, incluso. Juan Antonio Ramírez. Siruela. Madrid, 2000.) A raíz de esta afirmación reflexionaban Tuñon y Mansilla en el póstumo número 161 de ElCroquis: “El ajedrez tiene infinitas partidas, todo movimiento puede estar seguido por infinitas posibilidades hasta que se da jaque mate. Lo importante es establecer ese campo de juego y eso, en arquitectura, es el establecimiento de estrategias, sistemas y métodos constructivos; todos ellos van generando distinta partidas. Eso es lo que nos interesa de la arquitectura, ese eterno deambular por la capacidad de realizar infinitas posibilidades a partir de constricciones o limitaciones que el campo de juego y las mismas fichas establecen.” Hé ahí el cuerpo de una investigación, también, con infinitas posiciones.

Foto de portada – Marcel Duchamp’s hands, New York, 1959-60 by Alexander Liberman