montar y reunir

Anualmente la TATE de Londres otorga el llamado premio Turner a un artista Británico menor de cincuenta por una sobresaliente exposición u otra presentación de su trabajo en los doce meses precedentes. En este año que acabamos de despedir el premio fue para un colectivo británico cuyo nombre,  ASSEMBLE, es un fiel reflejo de las acepciones de su traducción: armar, montar y ensamblar Este equipo desarrolla un trabajo multidisciplinar a partir de montajes efímeros o intervenciones, con un marcado carácter social, en las que tratan de involucrar al público en el proceso creativo para acercarlos a la disciplina. Decía Frank Gehry sobre la intervención, en su caso, con el cliente, que ésta hace el proceso más excitante y rico. Llegando incluso a amar más este proceso con las personas que el propio edificio resultante. Probablemente ninguno olvida que  es finalmente éste último el que debe reunir y convocar a todo el público, tanto al que participó del proceso como el que  lo hará del resultado.

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ahorismo

Así podría traducirse este movimiento, NOWNESS, que también podría considerarse una tendencia social actual. Éste movimiento se basa en la capacidad creativa para contar historias que celebran lo extraordinario del día a día. Es decir, se trata de una plataforma donde cada día se publican vídeos que aunque se clasifican entre arte y diseño, moda y belleza, música, comida y viajes o cultura, todos podrían pertenecer a esta última   teniendo en común guiones y estéticas muy cuidadas. Pásate por la sección de arquitectura o diseño y te harás una idea del potencial de esta “site” que ya cumple cinco años y con el que puedes disfrutar de un café y elegir un tema acorde al humor con el que te encuentres, ahora mismo.

edificarloconstruido

fotografía de Chema Madoz

La primera idea de esta entrada fue dejarla en blanco para escuchar mejor los silencios de Peter Zumthor, sin embargo, en el transcurso de tiempo que me ha llevado escuchar sus respuestas íntimas y serenas en Lousianna Channel, han aparecido otros “objets trouvés” cuya combinación expongo como una reflexión encontrada.

En el número 19 de pinupmagazine.org la entrevista a otro de los pesos pesados de la escena arquitectónica, aunque más ligera, dejaba entre líneas una carga de profundidad .

“Un arquitecto se basa primero y ante todo en la cultura general… Debe tener los medios para construir su propio conocimiento” Jean Nouvel

Peter Zumthor confiesa también tener un abanico de intereses diversos y múltiples inquietudes que le facilitan entender los lugares y los espacios que propone en cada situación. Es su conocimiento previo pues el que le ayuda en esa labor creativa que dice estar a medio camino entre el arte y el oficio.

Escuchaba a Andrés Trapiello en una conferencia reciente sobre el Rastro de Madrid en la Fundación March: “al Rastro no vamos a buscar, vamos a reconocer. Todo aquello que no llevemos encontrado previamente ya de casa, no lo vamos a encontrar”. En una concatenación de citas, el escritor leonés recita a Walter Benjamin en su texto “El regreso del flaneûr” parafraseando:

“Sólo vemos lo que nos mira.” Franz Hessel

Me atrevo pues a profundizar en otra cita, esta vez de Pablo Picasso, “los grandes artistas copian, los genios roban”. Entiéndase pues que robar, alejado del hecho delictivo, supone llevarse algo consigo para hacerlo nuestro. Ese “robar” continuo de aquí y de allí, de perspectivas e intereses propios y ajenos, es lo que, en conjunto, edifica nuestro propio conocimiento para, luego, construir los espacios que en un momento de la historia deben responder a un lugar determinado y servir a la sociedad en la que nos encontramos.

[vimeo vimeo.com/147308260]

arquitectura madura

Sin llegar a ser costumbre, en este cuaderno de ideas, llamado blog, he posteado entradas con descubrimientos de estudios emergentes, a menudo alejados geográficamente, que crecen y muestran su saber despertando interés y envidia sana a partes iguales que, no obstante, a veces se difumina o se apaga con el tiempo. Sin embargo, tomando prestadas sus palabras “sabemos que la arquitectura se hace más fácil cuando uno tiene unos años más“. Las palabras son esta vex de un arquitecto cercano, de web sin indice ni atajos, que muestra sin prisas collages, dibujos y escritos que recuerdan a Hockney, que se vuelven tectónicos o que llega a aparejar en ladrillo. Luis Martinez Santa-Maria tiene además teoría escrita (el libro de los cuartos, intersecciones, el árbol, el camino, el estanque ante la casa) y, a su manifiesto pesar, poca práctica construida, aunque entrar en alguna de sus obras no deja indiferente al ojo atento. Cada “click” sobre su nombre muestra una nueva página de su currículum dando a conocer lo que, sin estar relacionado tanto con la edad como con la experiencia y la profundidad de sus planos y montajes, me he atrevido a titular obra madura.

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pabellonversusmanifiesto

Cuando la arquitectura en España estaba en pleno auge el hoy Director del Departamento de Arquitectura de Harvard GSD escribía en un artículo que rescato de la hemeroteca de ElPaís titulado, Un manifiesto de cristal:

“la virtud de un pabellón es precisamente servir para experimentar y avanzar temas que con programas y escalas mayores quedarían constreñidos por la convención”  Iñaki Ábalos

Mientras recordaba vagamente el texto de la cita, he retenido durante años el fondo de esta cuestión que ahora confronto con los ejemplos que ofrecen los quince años que cumplen este 2015 los pabellones de la Serpentine Gallery y que se celebran con el que han firmado por primera vez unos arquitectos españoles. Las comparaciones son odiosas pero son muchos quienes han pasado por Hyde Park para dejar sus firmas de estilo, así me parecen algunos iconos como los de Óscar Niemeyer, Toyo Ito, Daniel Libeskind o Frank Gehry. Otros pasaron más desapercibidos con piezas discretas, vernáculas o semi-enterradas como fueron los de Alvar Siza y Souto de Moura, Smiljan Radic, Olafur Eliasson y Kjetil Thorsen o la de Herzog y de Meuron  junto a Ai Weiwei. Algunas han entendido el encargo como construcciones temporales, casi como tiendas de campaña o elementos que aterrizaron temporalmente en el paisaje, es el caso del primero realizado por Zaha Hadid e incluso aquellos hongos temporales que instaló en 2007 o el globo con el que se posó Rem Koolhaas en mitad del parque. Con cierto sentido de permanencia, hermeticidad y, porque no decirlo, evidente desprecio por el entorno más inmediato, Peter Zumthor realizó aquel ensimismado y maravilloso huerto cerrado. Jean Nouvel celebró el décimo aniversario haciendo un juego estético con su folie carmesí. Hace un par de años me atreví a titular de arquitectura boceto aquellas líneas que dibujó entre los árboles Sou Fujimoto y, con anterioridad, titulé de serpentina una entrada sobre el que, hasta la fecha, considero uno de los mejores hitos entre estos ensayos, el pabellón de SANAA. Ya entonces éste me sirvió para mencionar esta cita recurrente sobre las pretensiones de un pabellón. A medio camino entre el juego estético, la obra de estilo y las tiendas desplegables se sitúa la obra plástica con la que selgascano ha cubierto el pabellón este año con un evidente “carácter festivo, celebrativo, que, (de nuevo según Ábalos) se corresponde bien con otra característica, su ligereza literal o metafórica, ser evanescentes en el tiempo, casi de quita y pon, construcciones mínimas en un parque o jardín, ligadas a motivos especiales, con algo de derroche y exceso.” El discurso narrativo de entonces, sumaba la gratuidad y lo innecesario de estos elementos para emparentar pabellones con manifiestos. Sin embargo, repasando estos tres lustros de templetes, parece conveniente reflexionar sobre los que trascienden un gesto de voluntad creativa y se convierten en verdaderos hitos cuyo estudio y privilegiada experiencia pueden verdaderamente aspirar a erigirse en manifiesto.

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lo anónimo como marca

Con motivo de la publicación del proyecto de la sede corporativa de Google, comenté la arquitectura que unía y separaba la sede del buscador con la de la empresa de la manzana, así como los referentes de la propuesta de BIG y Heatherwick Studio [el buscador de arquitecturas]. Pero mientras aquellas van cimentándose y tomando forma, la de Facebook ya está en marcha. Si aquellos dos jóvenes estudios a los que recurrió el CEO del buscador inspiraron su propuesta en las utopías de los setenta, el estudio de un octogenario como Frank Gehry ha intentado emular una realidad de los setenta bajo una propuesta radical de los cincuenta. Inspirada en aquel nacimiento “low-tech” donde las grandes empresas tecnológicas de hoy se formaron en los garajes de familiares y amigos, las oficinas de la red social se desparraman en el interior de una gran nave industrial buscando deliberadamente la apariencia de algo inacabado, flexible y carente de jerarquías. Basado en el concepto de la burölandschaft (oficina-paisaje) mesas, sillas, salas de reunión, espacios para el arte, el ocio y los servicios de esta macro oficina se han sembrado libremente a lo largo de una vasta extensión de Menlo Park en California. Un bosque tecnológico cubierto de estructuras e instalaciones que soportan una cubierta jardín. Un proyecto lleno de contradicciones, en el que el CEO de la red social que te etiqueta y crece a partir de tus “likes” solicitó a uno de los arquitectos estrella de firma y estilo reconocibles una sede anónima. Ausente de estridencias e integrada en el entorno, puramente funcional pero por acabar, como la labor titánica que persigue la red social, lograr conectar a las otras cuatro quintas partes del mundo que todavía están o pretenden el anonimato.

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Paradójicamente las fotos de la sede son de Instagram bajo la etiqueta #mpk20 vía theguardian

la mirada de dos maestros

Da la impresión de que los maestros andan preocupados por el devenir de la arquitectura, tanto los que participaron en los movimientos del Mayo del 68 como los que están involucrados en los debates de la Unión Europea observan síntomas preocupantes en la sociedad y, por tanto, en la arquitectura, esa “petrificación de un momento cultural”, como la define Jean Nouvel en esta entrevista vía ABC. Una lectura cruzada de sus respuestas con el manifiesto que firma Rem Koolhaas en Artforum sobre el paisaje “inteligente” permiten detectar la complementariedad de sus preocupaciones y la necesidad de ese cruce de miradas que empieza con el holandés.

La presión económica y gubernamental hacia la estandarización, amenaza con allanar el recorrido de la arquitectura, los procesos de fabricación avanzada y digital anuncian la traducción directa y sin restricciones de la imaginación del arquitecto en promesas de impresión tridimensional de una forma física para cortocircuitar la práctica de la construcción arquitectónica, realizando una especie de desviación mágica… Pero imprimir tiene sus propias limitaciones. Sólo puede producir formas sin costuras, enteras, que no puede conectarse a partes separadas.

El francés, que ensalza aquella época de efervescencia intelectual de los sesenta, no ha dejado de luchar contra ciertas formas de academicismo. Lejos de la estandarización considera que cada lugar merece una reflexión totalmente específica; incluso entusiasma leer, cada proyecto es el inicio de una aventura y, evidentemente, al principio nunca sé adónde voy. No empiezo con una idea preconcebida. Empiezo siempre con la esperanza de que ese lugar y ese momento y las personas con las que me voy a encontrar en ese instante van a aportar algo que es totalmente único; y esta especificidad y esta singularidad es un ataque en toda regla contra la clonación. Concluye con el titular de la entrevista, hay algo que ha empeorado la situación: el desarrollo de la informática, porque ahora todos los parámetros están disponibles… Por desgracia, falta materia gris. No hay suficiente pensamiento, ni suficiente intención, ni suficiente amor en cada proyecto, por lo que los proyectos llegan de forma automática, así, sin alma.

Advierte el Pritzker holandés de la constante aceleración de lo “smart” dentro de la arquitectura, en forma de dispositivos, sensores y sistemas que han hecho que los elementos tradicionales de la arquitectura, ciegos, mudos y por tanto, fiables, se hayan convertido en elementos  “inteligentes” que escuchan, recopilan información, procesan y se adaptan continuamente, hasta el punto de temer que pronto, una jaula de Faraday sea un componente necesario de cualquier casa.

Es posible entrever las ficciones de Asimov trasladadas a la arquitectura cuando Rem Koolhaas afirma: el edificio “inteligente” es un eufemismo de un agente de inteligencia. Pronto tu casa podría traicionarte.  La opinión expuesta por el fundador de OMA ante la Comisión Europea en 2014 fue rotunda: Llamando a sus ciudades “smart”, condenan a nuestras ciudades a ser estúpidas. (…) Con la seguridad y la protección como puntos de venta, la ciudad se está convirtiendo increíblemente menos aventurera y más predecible. Para salvar la ciudad, podríamos tener que ser destruirla…

Al hilo de otra pregunta Jean Nouvel contesta: cuando no hay misterio, no hay seducción. La arquitectura es un misterio que hay que preservar. Si se muestra todo de una vez, nunca ocurrirá nada. Ocultar, es sin duda una de las recetas del erotismo, y, por tanto, de la arquitectura erótica.

En una época de lo “smart” y la transparencia cabe, según Koolhaas, una pequeña posibilidad para combinar el conocimiento acumulado a lo largo de los siglos con el estrecho alcance de las prácticas consideradas hoy como “inteligentes”. Quizás la oposición fundamental a la que nos enfrentamos está en el poder largamente establecido en la arquitectura para articular lo colectivo y la aparente habilidad digital para fundirse con uno mismo. 

Puede que como en las teorías de los situacionistas, entre los que parece incluirse el propio Nouvel, la arquitectura también deba adaptarse a la situación presente, a la vida, buscando todo lo que puede cambiar un proyecto; cambiar quiere decir que debemos responder a muchas preguntasEstamos obligados cada vez a escuchar, a tener en cuenta y a entender todos los parámetros de la pregunta planteada. Prácticamente en todas las situaciones, lo que siempre hay que hacer es cruzar una mirada exterior con una mirada interior.

¿Cuál es la arquitectura en la era de lo “inteligente”? La pregunta no citada puede tener respuesta en un clásico como la Fundación Cartier, obra del maestro francés, que sin estar petrificada pueda ser “confiable” y cuya transparencia total es capaz de guardar misterio. Es posible que la arquitectura deba aventurarse a explorar el vacío programable que plantea el maestro holandés para su puente peatonal en Burdeos, donde la obra no es el evento en sí sino la plataforma sobre la que puede ocurrir cualquier cosa. Puede que la arquitectura deba ser lo estable de lo inestable, lo pétreo de lo fluido, lo inteligente de lo “smart”.

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