el potencial de un solar

Las “caries” del centro de la ciudad, como las titula este artículo de El País, siempre han sido el material básico del arquitecto. Un solar es la hoja en blanco del arquitecto, esa que nos permite imaginar un espacio habitado sin que necesariamente tenga que materializarse en un edificio, aunque así suceda en la mayoría de los casos, pudiendo ser una nueva plaza, un pequeño quiosco, un huerto urbano, una oficina temporal, una zona de juegos, un equipamiento efímero, un mercadillo, … El valor intrínseco del vacío, su potencial, desaprovechado momentáneamente, es lo que da pie al citado artículo y a un conjunto de perspectivas, desde la del político hasta la del vecino, pasando por la de urbanistas, okupas y propietarios, que conforman un abanico suficientemente amplio como para entender la situación de un pedazo de suelo que carece, no sólo de salida en el mercado inmobiliario, sino de vida dentro de la ciudad. Es necesario generar dinámicas que favorezcan el aprovechamiento temporal y eficiente de estos solares; concursos rápidos que busquen soluciones flexibles, adaptables y móviles. Quizás sea posible reinventar aquella walking city de Ron Herron, no para hacer una nueva ciudad, sino complementar lo que falla en la urbe moderna.

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