domesticidad y arquitectura

Lo que define una vivienda es la organización de las estancias, el aprovechamiento de los metros cuadrados o la importancia de la intimidad a la hora de dividir las habitaciones. En general, los pisos no los organizan las familias, sino los arquitectos. La buena noticia es que, por fin, la flexibilidad –dejar las decisiones para que las tomen los habitantes reales de las casas– se ha convertido en una prioridad en buena parte de las viviendas de protección oficial que se siguen construyendo en España. (Anantxu Zabalbeascoa)

Cuando leía los dos artículos del semanal del domingo [ajustarse a la realidad] y la [entrevista a Antonio Citterio] volvía a asaltarme una duda que surgió en petit comité en un debate apenas enunciado. ¿Cuál es el peso del arquitecto en la definición del espacio doméstico? ¿Qué mérito tienen las familias en esa apropiación del espacio dado? ¿hasta dónde llega el mito de la flexibilidad o la denostada rigidez de un espacio encapsulado?

Viendo los concursos de viviendas de protección oficial cada vez la flexibilidad está más atada por unas bases temerosas de que los arquitectos experimentemos con los espacios donde habitarán, no cobayas, sino inquilinos. El recorrido por las nuevas promociones de viviendas sociales ha dejado muchos prototipos fallidos (también algunos válidos) incapaces aquellos de reconocer la realidad española, negando una tradición que, por poner un ejemplo, la arquitectura portuguesa ha sabido entender y respetar en una contenida evolución. Seguimos siendo los arquitectos quienes, gracias a esas ideas perennes que Antonio Citterio ensalza por encima de las tendencias, tenemos la responsabilidad de reclamar y demostrar que somos capaces de mejorar la calidad interior del espacio, lo doméstico, y alejarnos de las fachadas a la última moda. La arquitectura sostenible no es sólo aquella que respeta el medio ambiente sino la que aspira a ser perenne, más difícil todavía, a convertirse en un clásico.

(¿Qué debe tener un mueble para no caducar?) Tiene que ofrecer un servicio, cumplir una función. Si la cumple y quiere quedarse, debe apelar también a lo emocional: la función emotiva se puede cubrir con sencillez.

Mi idioma, para que mis muebles se mantengan en el tiempo y sirvan en varias culturas y países, son las ideas. Al diseñar, mi enfoque es el de un arquitecto. Trabajo pensando siempre en el espacio y tratando de que los muebles delimiten un territorio, pero no interrumpan. (Antonio Citterio)

link+ el sofá habitación

1 comentario
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