manifiesto

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Nunca es tarde si la dicha es buena. El año pasado la revista ICON para celebrar su número 50 decidió elaborar una listado con ese número de manifiestos elaborados por un grupo de arquitectos, diseñadores y pensadores influyentes. Hay muchos interesantes. Entre ellos, y de acuerdo a recientes divagaciones mentales, he elegido este de Bruce Mau (quien necesita una entrada aparte para él solo). El texto pone en duda la esencia de la profesión del arquitecto. No es el único lugar en que esta reflexión ha surgido. La revista Volume publicó hace unos meses un número con el título “arquitectura no-solicitada” (y se agotó). Aunque no sigue la línea del diseñador canadiense pone igualmente de manifiesto la idea de que es el momento en que el arquitecto debe mover ficha.

Torre a B4, jaque al rey

Probablemente no queráis escuchar esto, pero es hora de dejar de hablar de arquitectura. Necesitamos salir de la caja dorada que nos hemos construido. Deberíamos pensar en educar, entrenar y alzar a los promotores. Los retos del futuro son mucho más complejos que los sistemas basados en el objetivo que “abraza” actualmente la cultura arquitectónica. Necesitamos una nueva cultura de responsabilidad y compromiso que comprenda implicaciones a largo plazo que sólo pueden venir de ampliar la base de la arquitectura para que incluya en el diseño los modelos de negocio que proporcionan la mayoría de las cualidades de las ciudades en que vivimos.  Cuanto más tiempo los arquitectos se auto-marginen, a propósito, del negocio de la promoción, y su carga real de complejidad y decisión para hacer de su educación, su negocio, la arquitectura quedará como una cultura de caballeretes, que no quieren, o son incapaces, de afrontar la pesada carga y los grandes problemas, mientras son felices puliendo las fantasiosas pompas de nuestro entretenimiento urbano.

El modelo de negocio de la arquitectura es claramente un fracaso. Uno entre mil arquitectos puede permitirse disfrutar los placeres que ellos son capaces de llevar a cabo para otros. Los arquitectos corren enormes riesgos sin recompensas acordes. Es el tiempo, en este milenio, de ensuciarse, de entrar más en el ámbito de los desarrollos urbanos, contribuir al desarrollo sostenible y participar más en la riqueza que pueden generar los arquitectos. El mundo sería un lugar mejor si la mayor parte de lo que construimos en nuestras ciudades viniera de gente educada y entrenada en la cultura, la conciencia cívica, la sensibilidad estética y conocimiento histórico. ¡Estoy deseando ver la primera escuela de promoción arquitectónica! [traducción propia]

Manifiesto #08 Bruce Mau – Toronto

50#MANIFIESTOS

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